<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?>
<feed version="0.3" xmlns="http://purl.org/atom/ns#" xml:lang="es-ES">
	<title>EL OBISPO DIOCESANO</title>
	<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php" />
	<modified>2012-02-04T14:18:59Z</modified>
	<author>
		<name>iglesiaenlarioja.org</name>
	</author>
	<copyright>Copyright 2012, iglesiaenlarioja.org</copyright>
	<generator url="http://www.sourceforge.net/projects/sphpblog" version="0.5.1">SPHPBLOG</generator>
	<entry>
		<title>LA EVANGELIZACIÓN (VI)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry120204-112926" />
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[ <center> <img src="images/ChristSamarita.jpg" width="359" height="283" border="0" alt="" /> </center>  El acompañamiento en la fe<br /> <br />  <br />En domingos anteriores mi reflexión versó sobre los pasos a dar en la evangelización. Un paso era la acción misionera o misión ad gentes, otro la iniciación cristiana y otro paso importante es lo que se llama la acción pastoral, es decir, la necesidad de alimentar, fortalecer y estimular la comunión eclesial de los iniciados en el camino de la fe.  <br />La acción pastoral está integrada por tres elementos fundamentales: la catequesis, la liturgia y la caridad. Tres elementos que siempre deben ir unidos. La fuerza viene de la unión. Ya lo dice bien claro la escritura: “cuerda de tres cabos, difícil de romper” .<br />A)	La Catequesis. Es decir, la necesidad de formarse que adquiere fundamentalmente, aunque no sólo, a través del estudio orante de la Palabra de Dios y del Magisterio de la Iglesia. Y debemos ponernos a menudo estas preguntas: ¿Leo con asiduidad la Palabra de Dios y los ecritos del Magisterio de la Iglesia? ¿acudo al Catecismo de la Iglesia cuando tengo que aclarar conceptos o respuestas a preguntas sobre Dios y la religión? ¿Leo libros sobre temas de vida religiosa o espiritual?<br />La formación no es sólo para niños y jóvenes. Es para todas las edades. Necesitamos formarnos todos para poder dar razón de nuestra fe a quien nos la pidiere.<br />La formación comprende también la oración. Ella nos acerca al corazón de Dios y da claridad a las grandes preguntas de la vida. Sí, buceando en el misterio de Dios, en su amistad, se llega a adquirir una mirada en profundidad sobre el mundo, la historia y sobre el corazón del hombre.<br />B)	La Liturgia. Se refiere a las celebraciones de los Sacramentos, especialmente de la Eucaristía, las celebraciones de la Palabra, la Liturgia de las Horas.<br />El gran teólogo dominico, el Cardenal Yves Congar, decía: “La mitad de la teología que sé, se la debo a la liturgia”. Sí, la liturgia nos adentra en el misterio de Dios y nos permite conocer cual es la altura, la largura, la altura y la profundidad de su misterio de amor. Nos hace sabios, sabios de honda experiencia humana y divina.<br />¡Qué importante es la Liturgia para la vida del espíritu y para la edificación del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia! ¡Cuánto ganaremos todos y cada uno de nosotros si nos empeñamos en serio en vivir con prontitud y delicadeza los pequeños detalles que informan – que dan forma – a la Liturgia! ¡Qué hermosa es la Liturgia de nuestra Iglesia!<br />C)	La Caridad. Se refiere al amor, a la entrega a los demás. Quien ha tocado al Dios del Amor a través de la oración y de la liturgia, quien se ha dejado tocar por Él no puede guardar para sí esa corriente de amor (“Charitas”) y se siente empujado a ir en busca de los hermanos, especialmente los más pobres con el fin de ayudarles, de servirles, de compartir con ellos lo mucho o lo poco que tenga (dinero, tiempo, cualidades etc.)<br />La caridad fraterna es la verificación de nuestro amor a Dios  y de nuestros discursos sobre Él: “Quien dice que ama a Dios y aborrece a su hermano es un mentiroso, pues quien  no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” .<br />	A través de estas acciones pastorales se realiza la acción evangelizadora de la Iglesia. Así lo hacía la primera comunidad cristiana, tal como lo cuentan los Hechos de los Apóstoles, y por su manera de vivir y actuar muchos abrían las puertas de su corazón al amor salvador de Dios: “Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común, vendían sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían al Templo todos los días con perseverancia y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que habían de salvar” .<br />Con mi afecto y bendición,<br /><br />+Juan José Omella Omella <br /> Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño  <br /><br /><br />Frase a destacar<br /><br />La acción pastoral está integrada por tres elementos fundamentales: la catequesis, la liturgia y la caridad. Tres elementos que siempre deben ir unidos. La fuerza viene de la unión.<br /><br />AGENDA DEL OBISPO<br />Hoy concluyen las dos jornadas que el obispo ha dedicado a los ejercicios espirituales de los jóvenes. Mañana pasará el día en Madrid con Manos Unidas y en una reunión de las instituciones penitenciarias. El martes 31, Consejo de Economía a las cinco de la tarde. El día 3 de febrero, se desplazará a Torrecilla de Alcañiz (Teruel) para honrar con misa y procesión al patrono san Blas. El 4 sábado, a las siete y media de la tarde, Confirmaciones en Aldeanueva de Ebro. Finalmente, el domingo 5, misa en el colegio de las MM. Escolapias con ocasión de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. La semana del 5 al 11 la pasará en Zaragoza predicando ejercicios espirituales a los sacerdotes.<br /><br /><br />]]></content>
		<id>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry120204-112926</id>
		<issued>2012-02-04T00:00:00Z</issued>
		<modified>2012-02-04T00:00:00Z</modified>
	</entry>
	<entry>
		<title>LA EVANGELIZACIÓN (V)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry120122-211003" />
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[ <img src="images/familia02.jpg" width="484" height="187" border="0" alt="" /> <br />La iniciación cristiana<br /><br /><br />	En mi escrito anterior decía que la acción misionera, llamada también misión “ad gentes”, estaba dirigida principalmente a los no creyentes y a todos aquellos que, nacidos en un entorno familiar cristiano, han ido abandonando progresivamente la fe. Y hacía esta pregunta: ¿Qué ha de buscar este primer momento de la Evangelización? Y respondía: la fe en Dios y la conversión.  <br />	El segundo momento del proceso evangelizador es la acción catequética de iniciación cristiana.<br />	¿A quién va dirigida? Fundamentalmente a quienes ya se han convertido y desean iniciarse en la fe de forma seria y comprometedora, y llevar una vida en coherencia con esa fe. ¿En qué consiste esa iniciación cristiana? En la catequesis y en la participación en los sacramentos, sin olvidar una integración cada más intensa en la vida de la comunidad cristiana.<br />	¿A qué llamamos catequesis? La mejor definición nos la ofreció el Concilio Vaticano II en dos de sus documentos. El Decreto Christus Dominus dice que los obispos han de velar para que se dé con diligente cuidado la formación catequética, cuyo fin es que la fe, ilustrada con la doctrina, se torne viva, explícita y operativa, tanto en los niños y adolescentes, como en los adultos . Este breve texto nos indica que el fin de la catequesis no puede ser otro que avivar la fe, que lleve a los que la reciben a una relación personal con Dios. Más aún, el fin de la catequesis es conseguir que lleguemos a un conocimiento de Dios que se traduzca en obras, lo que comúnmente llamamos fe operativa porque la fe sin obras está muerta.<br />	El Documento Conciliar Gravissimumm Educationis define la formación catequética como el instrumento que ilumina y robustece la fe, nutre la vida con el espíritu de Cristo, conduce a una consciente y activa participación en el misterio Litúrgico, y mueve a la acción apostólica . <br />	No podemos olvidar que una catequesis “bien dada” debe proporcionar los siguientes elementos: el conocimiento suficiente de los contenidos de la fe, un nivel de formación y de bagaje moral realmente adecuados, una sensibilidad Litúrgica en correspondencia con la edad y las circunstancias personales y, lo que nunca puede faltar, la preparación apostólica suficiente para “dar razón de nuestra fe” ante los que nos rodean: familiares, amigos, compañeros de estudio o de trabajo, etc. Nunca se debe olvidar la faceta apostólica que en cada cristiano tiene su origen en el Bautismo.<br />	Hoy, la catequesis se entiende no como una mera y simple instrucción, sino como una verdadera educación de la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente la enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático, con  miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana .<br />	La Iglesia, pues, a través de la catequesis, alimenta a sus hijos con su propia fe y los hace realmente miembros suyos. Así lo expresa bellamente el Papa san Gregorio Magno cuando dice: Después de haber sido fecundada, concibiendo a sus hijos por el ministerio de la predicación, la Iglesia les hace crecer en su seno con sus enseñanzas.<br />	Así, pues, la catequesis siempre habrá de estar orientada hacia la adhesión de toda la persona a Cristo, que de forma escalonada ce concretaría en lo siguiente: buscar a Cristo, encontrar a Cristo y amar a Cristo, dándole a conocer a los demás.<br />	Felicito  a quienes estáis comprometidos en esta misión catequética de la Iglesia: padres, sacerdotes, catequistas, maestros, religiosos, etc. Gracias por vuestra entrega. No os desaniméis. El Señor está con vosotros y os ayudará si sabéis pedírselo con humildad y confianza.<br />	Con mi afecto y bendición,<br /><br />+ Juan José Omella Omella<br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br /><br /><br /><br />Frase a destacar<br />El fin de la catequesis no puede ser otro que avivar la fe, que lleve a los que la reciben a una relación personal con Dios. Más aún, el fin de la catequesis es conseguir que lleguemos a un conocimiento de Dios que se traduzca en obras, lo que comúnmente llamamos fe operativa porque la fe sin obras está muerta<br /><br />]]></content>
		<id>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry120122-211003</id>
		<issued>2012-01-22T00:00:00Z</issued>
		<modified>2012-01-22T00:00:00Z</modified>
	</entry>
	<entry>
		<title>“LAS MIGRACIONES Y LA NUEVA EVANGELIZACION”</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry120115-011050" />
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[ <center> <img src="images/migraciones1.jpg" width="312" height="283" border="0" alt="" /> </center>  Este es el lema escogido por el Consejo Pontificio para la 98º Jornada Mundial del Emigrante de este año 2012, que se celebra hoy 15 de enero.<br />En el Evangelio de la Infancia de Jesús nos encontramos con el siguiente pasaje: el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó allí hasta la muerte de Herodes” .  <br />Este fragmento del evangelio nos describe de forma muy gráfica cómo José y María llegaron a adquirir la condición de verdaderos emigrantes. Ellos, como tantos millones de personas de todos los tiempos y de todos los lugares del planeta, tuvieron que salir de su tierra, de su patria, y refugiarse en un país extranjero. Abandonaron su hogar de Nazaret, José tuvo que buscar – tal vez mendigar – un nuevo trabajo, el Niños Dios fue creciendo con otros niños que no hablaban el arameo, con otras costumbres y otra cultura. ¿Cómo fueron tratados por los nativos egipcios? ¿Cómo nos gustaría a nosotros – devotos de Jesús, María y José – que los hubieran tratado? ¿Vemos los riojanos a Jesús, a María y a José en los miles y miles de emigrantes que en los últimos años han venido a La Rioja en busca de trabajo y de unas condiciones mínimas de supervivencia? ¿Los tratamos con la dignidad, y aun el cariño, con que trataríamos a la Sagrada Familia si la tuviéramos entre nosotros? <br />El Papa Benedicto XVI nos ha brindado un mensaje en el que destaca cómo la inmigración es una oportunidad espléndida para el anuncio del Evangelio en el mundo actual y que la Iglesia debe buscar los modos adecuados para que esas personas puedan encontrar a Cristo. El momento actual, son palabras textuales, llama a la Iglesia a emprender una nueva evangelización también en el vasto y complejo fenómeno de la movilidad humana, intensificando la acción misionera, tanto en las regiones de primer anuncio como en los países de tradición cristiana.<br />El Papa ha destacado que en nuestro mundo se está generando una mezcla de pueblos y de personas – nunca tan intensa como ahora -, unida a la desaparición de fronteras. Millones de inmigrantes buscan mejores y más dignas condiciones de vida y, lo que es más grave, buscan a menudo escapar de la persecución, la guerra, la violencia, el hambre.<br />A este respecto quiero destacar lo que el Pontífice dice a propósito de los medios de comunicación, que juzgo de vital trascendencia para nuestro país: La prensa y los demás medios de comunicación tienen una importante función al dar a conocer, con exactitud, objetividad y honradez, la situación de quienes han debido dejar forzadamente su patria y sus seres queridos y desean empezar una nueva vida. El Papa muestra así su preocupación para que no llegue a crearse una opinión pública sesgada y manipulada que lleve a una alarma social difícilmente asumible.<br />¿Qué nos pide el Papa a las comunidades cristianas en esta Jornada de la Emigración? Nos pide prestar una atención particular a los trabajadores inmigrantes y a sus familias, a través del acompañamiento de la oración, de la solidaridad y de la caridad cristiana; la valoración de lo que enriquece recíprocamente, así como la promoción de nuevos programas políticos, económicos y sociales, que favorezcan el respeto de la dignidad de toda persona humana, la tutela de la familia y el acceso a una vivienda digna, al trabajo y a la asistencia.<br />Benedicto XVI nos muestra, pues, un programa estimulador, de amplios horizontes, un programa que exige la conversión del corazón y de la cabeza, que nos permita ver en los venidos de fuera de nuestras fronteras, hombres y mujeres verdaderos hijos de Dios.<br />Pidamos en este día que Santa María del Camino, Madre de Dios y madre nuestra, nos ayude, como dice el Santo Padre en su mensaje, para que el anuncio gozoso de salvación de Jesucristo lleve esperanza al corazón de quienes se encuentran en condiciones de movilidad por los caminos del mundo.<br />Con mi afecto y bendición,<br /><br />+ Juan José Omella Omella <br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br /><br />Frase a destacar<br /><br />El Papa Benedicto XVI nos ha brindado un mensaje en el que destaca cómo la inmigración es una oportunidad espléndida para el anuncio del Evangelio en el mundo actual y que la Iglesia debe buscar los modos adecuados para que esas personas puedan encontrar a Cristo.<br /><br />]]></content>
		<id>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry120115-011050</id>
		<issued>2012-01-15T00:00:00Z</issued>
		<modified>2012-01-15T00:00:00Z</modified>
	</entry>
	<entry>
		<title>LA EVANGELIZACIÓN (IV)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry120108-103653" />
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[ <img src="images/evangelizar.jpg" width="484" height="399" border="0" alt="" /> <br />Pasos a dar en la evangelización<br />                                              <br />Pasadas las entrañables fiestas de la Navidad y Epifanía, vuelvo a retomar el tema de la evangelización inspirándome en el precioso texto de la “Evangelii Nuntiandi” del Papa Pablo VI.  Y hoy quiero comentar lo que se entiende por proceso evangelizador. Pretendo con esta reflexión mostrar su riqueza, no exenta a la vez de una cierta complejidad.  <br />Diré de entrada que en la evangelización – rectamente entendida – entran elementos que son muy variados y que se complementan entre sí. La Iglesia, a través de esos elementos, impulsada siempre por el Espíritu, anuncia y difunde el Evangelio. Actúan de forma escalonada, en etapas  o momentos esenciales, que podríamos reducir a tres: la acción misionera, llamada también la misión “ad gentes”; la acción catequética de iniciación; y, finalmente, la acción pastoral.<br />La acción misionera o misión “ad agentes”. Es el primer momento fundamental de la Evangelización. ¿A quién se dirige? Básica y principalmente a los no creyentes. Sin embargo, y esto es preciso tenerlo muy en cuenta en nuestros ambientes, también son destinatarios de esta primera etapa todos aquellos que, nacidos en un entorno de familia cristiana, han ido abandonando progresivamente su fe. Se trata de aquellos que, tal vez de forma un tanto imprecisa pero siempre cordial, llamamos “alejados”. También habría que incluir en este primer paso evangelizador a los “indiferentes”: todas aquellas personas que han perdido su interés por el hecho religioso o que no sienten ningún atractivo por el mismo. Y, finalmente, no podemos olvidar en este momento a tantos niños y niñas bautizados que, por las circunstancias que sean, no han recibido en su propia familia ninguna formación.<br />La misión “ad gentes” trata de proclamar lisa y llanamente a Jesucristo muerto y resucitado, con la pretensión - que nunca puede faltar - de que la persona a la que va dirigida, comprenda quien es Jesucristo, viva una relación de amistad con Él y su conducta se vaya configurando con la manera de actuar  de Él. La misión “ad gentes” es un anuncio explícito, pretendido, de Jesucristo.<br />¿Qué busca este primer momento de la Evangelización? ¿A dónde se quiere llegar? A la fe y la conversión. Esta última sin distingos ni componendas: hay que conseguir un planteamiento nuevo ante la vida, una nueva manera de ser y de vivir, centrada en Jesucristo y, consiguientemente, la adhesión firme y si fisuras a su persona.<br />Y unida a la conversión, como no puede ser de otro modo, este llamado “primera anuncio” ha de comunicar la fe y también reavivarla. <br />¿Cómo se realiza esa proclamación de Jesucristo? Con palabras y con obras. Así actuó Jesús en aquellos tres años apasionantes de su vida – de su actuación – pública. Obras y palabras, signos que probaban que lo que decía era cierto. Probó su divinidad y la misión confiada por el Padre con múltiples milagros. Esto es exactamente lo que se espera hoy de la comunidad creyente de La Rioja: que demos razón de nuestra fe, anunciando con palabras al Jesús del Evangelio, muerto y resucitado, y que lo avalemos con signos, que serán nuestras obras de caridad, de misericordia y de justicia, de perdón, de trabajo por un mundo más justo.<br />Hoy la Iglesia Católica tiene ante sí el gran reto de anunciar a Jesucristo en medio de un mundo metido en un proceso galopante de secularización. Dicho de otro modo, la Iglesia tiene que dar ante todos los pueblos del planeta un testimonio, claro y contundente, de una nueva manera de ser y de una nueva manera de vivir. ¡Qué estimulador tiene que ser para todos los católicos el saber que con su vida realmente evangélica – que sigue los consejos evangélicos -, con su oración personal y comunitaria hecha con brillo, con el trato ejemplar entre los hermanos y, sobre todo, con el compromiso decidido por los más pobres,  conseguirán hacer creíble aquello que anuncian con su palabra!<br />En el próximo escrito, continuaré exponiendo el lugar que en la Evangelización ha de ocupar el segundo paso de este proceso, la acción catequética llamada “la iniciación cristiana”.<br />Con mi afecto y bendición,<br /><br />+ Juan José Omella Omella <br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br /><br /><br /><br /><br />Frase a destacar<br /><br />La misión “ad gentes” trata de proclamar lisa y llanamente a Jesucristo muerto y resucitado, con la pretensión - que nunca puede faltar - de que la persona a la que va dirigida, comprenda quien es Jesucristo, viva una relación de amistad con Él y su conducta se vaya configurando con la manera de actuar  de Él.<br />]]></content>
		<id>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry120108-103653</id>
		<issued>2012-01-08T00:00:00Z</issued>
		<modified>2012-01-08T00:00:00Z</modified>
	</entry>
	<entry>
		<title>TODO ES PARA BIEN</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry120101-093705" />
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[ <img src="images/epifania.jpg" width="484" height="108" border="0" alt="" /> <br /> Vaya, ante todo, mi cordial felicitación de Año Nuevo. Y qué mejor para ello que las palabras del apóstol Pablo en su carta a los fieles de Roma: “a los que aman a Dios todo les sirve para el bien” . Y “todo” es todo: lo bueno y lo malo, lo que nos cae bien y lo que nos cae mal: ¡todo!  <br />Creo que a nadie se le escapa la dificultad que el 2012 va a entrañar para no pocas familias de La Rioja. La crisis económica está suponiendo un verdadero desastre para muchos jóvenes que tienen complicadísimo acceder a un primer empleo. El paro se está convirtiendo en un nuevo jinete del Apocalipsis. Y, lo más preocupante, oído el parecer de los expertos, todo este mal no ha tocado fondo y tardaremos años en salir de él. No quiero pasar por alto, sin ánimo de hacerme exhaustivo, la situación de tantos recién casados tienen pendiente sobre sus cabezas la terrible espada de Damocles en que se han convertido las hipotecas. Esta dolorosa situación reclama de todos una mayor solidaridad. Gracias a Cáritas, y a organizaciones humanitarias de todo tipo, la situación de crisis se hace menos dolorosa para muchas personas y familias. Compartamos sin miedo porque hay más gozo en dar que en recibir.<br />Pero no quiero dejar de pasar por alto lo que los obispos venimos repitiendo desde hace ya algún tiempo: que la crisis económica, con ser tan agobiante y tan dura, no es lo peor. Lo que de verdad está afectando a nuestro bienestar y a nuestra dignidad es la crisis de valores. Lo dice de continuo el Papa. Y lo lamentan  los analistas y pensadores dotados de sentido común y de amor al hombre.<br />La crisis está afectando a la línea de flotación de la familia que es el matrimonio. Al deteriorarse la dignidad del hombre y de la mujer como personas, el amor humano ha sido rebajado a una mera y frívola contraprestación sexual. La fidelidad se ve como un obstáculo insalvable. La fuente de la vida se ve cegada hasta extremos realmente asombrosos, que están haciendo imposible el mero recambio generacional. La familia, en suma, ha dejado de ser aquella comunidad de vida y de cariño en la que cada uno es querido por sí mismo, independientemente del placer o de la utilidad que puedan llegar a prestarnos. Y esto vale para el anciano y para el no nacido.<br />Y qué decir de los malos tratos, en esa tormentosa “violencia de género” que cada vez va minando más seriamente la dignidad, y aún la vida, sobre todo de las mujeres. ¿Y el acoso de los padres a los hijos? Se trata de síntomas claros y evidentes que hablan a las claras de la gran plaga que va afectando a los fundamentos de nuestra sociedad, como son la familia y el matrimonio.<br />Esta es en el fondo la gran crisis que nos atenaza. Por otra parte, nuestros dirigentes empiezan a lanzarnos el gran reto al que nos vamos a enfrentar los próximo diez o quince años: la austeridad, el apretarnos el cinturón, el amoldarnos a una vida menos fastuosa y más mortificada. ¿Estaremos a la altura de las circunstancias? ¿Lo estaremos todos, los ricos y los pobres, los dirigentes y los dirigidos, los políticos y el pueblo, los sindicalistas y los padres y madres de familia corrientes, el clero y los fieles?<br />Será bueno, en esta situación, recordar las hermosas palabras de san Pablo: “A los que amáis a Dios todo os servirá para el bien”. Sí, podemos sacar gracia abundante de las situaciones adversas si sabemos dejarnos aleccionar y si estamos dispuestos a corregir. No tengamos ninguna duda de que nada de lo que suceda se escapará a la mirada cariñosa y providente de Dios nuestro Padre. Hagamos todos un gran esfuerzo, “con el mazo dando”, pero conscientes siempre de que suceda lo que suceda, será lo mejor para todos si somos capaces de llenarnos del amor de Dios, del sentido de Dios en nuestras vidas.<br />Que santa María, la Madre de Dios, cuya fiesta celebramos en este primer día del año, nos ayude a no perder la esperanza y a saber compartir como hermanos lo bueno y lo malo que nos toque en la vida sabiendo sacar de todas las situaciones lo positivo que hay en ellas.<br />Ella nos dejó un precioso ejemplo de esperanza, de confianza en el Señor. Sí, Dios siempre escribe derecho aún con renglones torcidos. No lo olvidemos nunca. <br />Recibid mi deseo de un feliz año para todos. Con mi afecto y bendición,<br /><br />+Juan José Omella Omella <br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br />Frase a destacar<br /><br />Sí, podemos sacar gracia abundante de las situaciones adversas si sabemos dejarnos aleccionar y si estamos dispuestos a corregir. No tengamos ninguna duda de que nada de lo que suceda se escapará a la mirada cariñosa y providente de Dios nuestro Padre.<br />]]></content>
		<id>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry120101-093705</id>
		<issued>2012-01-01T00:00:00Z</issued>
		<modified>2012-01-01T00:00:00Z</modified>
	</entry>
	<entry>
		<title>LA FAMILIA DE NAZARET, FAMILIA MODELO</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry111225-185426" />
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[ <center> <img src="images/ninojesus.jpg" width="440" height="354" border="0" alt="" /> </center>    <br />Queridos lectores de “Pueblo Dios”, vaya, ante todo, mi felicitación navideña y mi deseo de que el Dios recién nacido os colme de sus bendiciones Y os quiero felicitar con unas palabras del Papa Benedicto XVI, que nos sitúan perfectamente en la maravilla del misterio navideño y dan razón de nuestra alegría en estos días tan entrañables: “Este niño es verdaderamente el Enmanuel, el Dios-con-nosotros.   Así, forma parte de la Nochebuena la alegría por la cercanía de Dios. Damos gracias porque el Dios niño se pone en nuestras manos, mendiga, por decirlo así, nuestro amor, infunde su paz en nuestro corazón. Le damos gracias por su bondad, pero también le pedimos que muestre su poder y extienda en el mundo el dominio de su verdad, de su amor, su reino de justicia, de amor y de paz” .<br />También quiero recordaros que este año la fiesta de la Sagrada Familia cae en un día laborable, el próximo día 30. Esto no quita para que, con los ojos y el corazón puestos en nuestro belén tradicional, contemplemos llenos de gozo la ternura de María, la fortaleza de José y a ese Dios hecho Niño que ya es Maestro, aunque no diga nada. Damos gracias a Dios porque, a la luz de la Familia de Nazaret, todas las familias de la tierra han sido elevadas a la categoría de gran invento de Dios, la expresión más acabada del Amor de Dios.<br />Una de mis mayores preocupaciones como obispo de esta iglesia particular de La Rioja ha sido y sigue siendo la situación de la familia. ¿Por qué? Hay muchas razones que yo sintetizaría en una sola: de la vivencia auténtica de la familia dependen nada más y nada menos que el destino del hombre, su felicidad y la capacidad de dar sentido a su vida. Puede afirmarse sin ningún riesgo de equivocación que las múltiples crisis que venimos padeciendo -de natalidad, de fidelidad en el matrimonio, de valores y virtudes, de la educación de nuestros hijos, y aún, en parte, la crisis económica- tienen su origen en la crisis, larga y profunda, que vienen padeciendo nuestras familias. Y si esto es cierto para tantas facetas de la vida social, no lo en menos ante la mayor de las crisis que estamos padeciendo, la falta de fe. Y la falta de fe, unida a la falta de identidad cristiana de nuestras familias, nos ha llevado a una crisis moral, profunda, que está afectando a toda la sociedad en forma de autosuficiencia exacerbada y en forma de egoísmo individualista que hemos visto cómo ha comenzado y que no sabemos cómo terminará.<br />Pero no pretendo con esta reflexión llevar a nadie al desánimo ni a la tristeza, y menos en estos días en los que adoramos al Dios hecho Niño en un entorno familiar que para todos nosotros es ejemplo de vida y camino seguro a recorrer.<br />¿Cómo podemos imitar el ejemplo, sencillo y espléndido a la vez, de la Sagrada Familia? ¿Qué hemos de hacer para conseguir que todas y cada una de nuestras familias cristianas lleguen a ser lo que el Papa Juan Pablo II definió como “la institución de amor y de vida donde cada uno es querido por sí mismo, independientemente de la utilidad o placer que nos pueda llegar a prestar”? <br />Crear un buen ambiente familiar es cosa de todos: en primer lugar, de los padres y de los hijos y, asimismo, por extensión, de todos aquellos a los que igualmente obliga el cuarto mandamiento que se podría calificar como el más exigente y hermoso. Estoy pensando en los abuelos, los tíos, y en tantas personas a las que hemos de brindar nuestra lealtad y nuestro cariño.<br />“No se puede olvidar, y cito unas palabras del Papa actual al Congreso de la Familia recientemente celebrado en Ecuador, que un ambiente hogareño sereno y constructivo, con sus obligaciones domésticas y con sus afectos, es la primera escuela y el espacio más indicado para que la persona descubra sus potencialidades, acreciente sus ansias de superación y dé curso a sus más nobles aspiraciones”.<br />Termino invitando a todos a preguntarnos a menudo, no tanto acerca de lo que la familia puede hacer por nosotros, cuanto qué es lo que yo puedo hacer por ella. La solidaridad -el sacrificio por la felicidad de los demás- es la mejor medicina que hoy y siempre podemos aplicar para la buena salud de nuestras familias.<br />Reiterando mi felicitación navideña, con mi afecto y mi bendición,<br /><br />+ Juan José Omella Omella <br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br />Frase a destacar<br /><br />También quiero recordaros que este año la fiesta de la Sagrada Familia cae en un día laborable, el próximo día 30. Esto no quita para que, con los ojos y el corazón puestos en nuestro belén tradicional, contemplemos llenos de gozo la ternura de María, la fortaleza de José y a ese Dios hecho Niño que ya es Maestro<br /><br /><br />AGENDA DEL OBISPO<br />Los que lo deseen pueden participar en las misas navideñas que celebrará nuestro Obispo: el día de Navidad en la Redonda, a la una del mediodía. El 30, fiesta de la Sagrada Familia, a las siete y media de la tarde en la parroquia de la Sagrada Familia. Y, finalmente, el día 1, Año Nuevo, en la Redonda, a la una.      <br /><br /><br />]]></content>
		<id>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry111225-185426</id>
		<issued>2011-12-25T00:00:00Z</issued>
		<modified>2011-12-25T00:00:00Z</modified>
	</entry>
	<entry>
		<title>¡FELICIDADES, MADRE!</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry111218-010230" />
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[ <img src="images/Esperanza2.jpg" width="484" height="212" border="0" alt="" /> <br />Hoy felicitamos a la Virgen de la Esperanza: es su fiesta, nuestra fiesta. Y felicitamos, también, a la Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza, de Logroño, porque este año celebra el 400º aniversario de su existencia. Es la más antigua de la ciudad.<br />Cuatrocientos años de fervor mariano, de preocupación por los necesitados y, sobre todo, cuatrocientos años de avivar la virtud de la esperanza de un pueblo que ha vivido de todo en su larga existencia, alegrías y tristezas, gozos y sombras.<br />Hoy es un día muy especial en el calendario litúrgico. En vísperas de la Navidad, nuestros ojos y nuestro corazón se vuelven amorosamente hacia esa Madre buena que nos va a traer la Esperanza del mundo, Cristo el Señor.  <br />Pido a la Virgen que sea de verdad “vida, dulzura y esperanza nuestra”, como le cantamos en el himno precioso de la Salve. Esperanza en momentos de desencanto, serenidad en medio de la turbación, bálsamo en estos momentos duros. Quiero poner en el regazo entrañable de la Virgen a todas las familias riojanas que lo están pasando muy mal, y no sólo por motivos económicos. Lo están pasando mal porque la enfermedad acecha siempre, porque a menudo no hay buen ambiente en casa, porque no hay paz y no vivimos la piedad filial, porque nos falta el buen ánimo para salir adelante. ¡Que no desesperen, Madre!<br />Quiero hacer caer en la cuenta de que lo que hace posible la esperanza cristiana no son las fuerzas humanas, no son las riquezas, no es el poder: es  la omnipotencia y la misericordia de Dios. La Sagrada Escritura nos enseña de forma muy elocuente que con el nacimiento del Hijo de Dios se ha realizado la esperanza mesiánica de Israel, que la plenitud de los tiempos se ha cumplido, que de alguna forma el reino de Dios ya ha comenzado.<br />No cabe duda que el Concilio Vaticano II, una vez más, nos ha situado en la verdadera perspectiva de la virtud teologal de la esperanza, cuando afirma que “la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación por perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la familia humana” .<br />Y en consonancia con ese espléndido documento conciliar – Gaudium et Spes – está, como no podía ser de otro modo, el Catecismo de la Iglesia Católica. No me resisto a ofreceros algunas de sus reflexiones. En primer lugar, nos dice que esta virtud tiene mucho que ver con el ansia de felicidad que late en el alma de todos los humanos, y que sin duda alguna tiene su origen en Dios, origen y razón de toda forma de felicidad. Asimismo, la esperanza cristiana da sentido a todas las actividades humanas, las rectifica, las purifica, y las ordena al bien mejor para el hombre. Y lo que es más importante, nos protege del desaliento, nos sostiene en los momentos en los que tendemos a desalentarnos, y fortalece nuestro corazón para que podamos transmitir esperanza y sosiego a los que viven en nuestro entorno .<br />Finalmente, el Catecismo nos invita a vivir la virtud de la esperanza ya que nos preserva del egoísmo y nos lleva como de la mano a preocuparnos de los demás, con obras y de verdad. La esperanza, al igual que la fe, conduce a la caridad.<br />No quiero dejar pasar esta oportunidad para animar a los miembros de la Cofradía, hombres y mujeres, jóvenes y mayores a ser muy consecuentes con la gran dignidad que conlleva pertenecer a la misma. Miles y miles de logroñeses os han precedido y han ostentado su condición con un orgullo sano y santo. Es cierto que a lo largo de estos cuatrocientos años ha habido los lógicos altibajos que afectan a toda institución humana. Pero no es menos cierto que la Cofradía ha supuesto para la ciudad un estímulo con evidentes frutos apostólicos, sociales y caritativos.<br />En estos cuatro siglos los logroñeses han ido enseñado a sus hijos al calor del hogar qué es y en qué consiste la devoción y el cariño a la Virgen, la Madre de Dios y nuestra madre; su vida y obras, para poder imitarla; la ayuda incomparable que nos pude y quiere prestar. Seguid haciéndolo hoy también. Es el primer derecho que tienen y, en consecuencia, también vuestra primera obligación. Y la más amorosa, como bien cantamos en el himno de a la Virgen de la Esperanza: “Así te aclaman los logroñeses, enamorados de tu bondad”.<br />Con mi afecto y bendición,<br /><br />+Juan José Omella Omella <br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br /><br />Frase a destacar<br /><br />No quiero dejar pasar esta oportunidad para animar a los miembros de la Cofradía, hombres y mujeres, jóvenes y mayores a ser muy consecuentes con la gran dignidad que conlleva pertenecer a la misma. Miles y miles de logroñeses os han precedido y han ostentado su condición con un orgullo sano y santo.<br />]]></content>
		<id>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry111218-010230</id>
		<issued>2011-12-18T00:00:00Z</issued>
		<modified>2011-12-18T00:00:00Z</modified>
	</entry>
	<entry>
		<title>EVANGELIZACIÓN (III)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry111211-090704" />
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[ <img src="images/obisponinos.jpg" width="484" height="314" border="0" alt="" />      <br /> Vocación evangelizadora de la Iglesia<br /> <br /> <br />A lo largo de toda la Exhortación Pastoral Evangelii Nuntiandi subyace una idea que podríamos calificar como verdadero quicio y fundamento de todo el documento, y que la enunciaríamos así: “Evangelizar es la misión prioritaria de la Iglesia”. En el n. 14 dice de una manera taxativa: “La tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia; tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda”.<br />La evangelización es considerada como “dicha”, como “identidad” y, sobre todo, como “vocación”. La vocación de la Iglesia es evangelizadora. La Iglesia está en el mundo para evangelizar. La evangelización es el elemento que lo engloba todo y hace comprender el ser y el existir de la Iglesia <br />En el escrito del pasado domingo decía que la misión de anunciar el Evangelio tiene su fundamento y su origen últimos en la misión del Hijo por parte del Padre, así como en el envío del Espíritu Santo. De ahí que la Iglesia “continúa y desarrolla en el decurso de la historia la misión del propio Cristo, que fue enviado para evangelizar a los pobres” . Aquí radica la vocación evangelizadora de la Iglesia.  <br />Y podemos decir, no debemos olvidarlo, que la Iglesia es divina porque ha sido fundada por Jesucristo, el Hijo de Dios, y porque, en consecuencia, tiene la misión de continuar, de hacer presente en el mundo, la misión del mismo Dios, que no es otra que evangelizar, que dar a conocer el amor entrañable y misericordioso de Dios.<br />¿Qué supone esta realidad maravillosa y, a la vez, tan misteriosa? Ante todo, que el anuncio de Evangelio no es una tarea que la Iglesia debe realizar sólo en algunos países y en unas circunstancias determinadas. No es una actividad esporádica o con carácter de excepción. ¡No! La evangelización es la razón de ser de la Iglesia, hasta el punto de que, o evangeliza, o no cumple el cometido que Dios mismo le asignó. [more]<br />La vocación evangelizadora de la Iglesia nos la muestra san Pablo. Él es el gran evangelizador. “¡Ay de mí, si no evangelizare!”, llega a exclamar en su primera carta a los fieles de Corinto. A partir de lo sucedido en el camino de Damasco, cuando Dios cambió radicalmente el rumbo de su vida, asumió una actitud que le comprometió para siempre: anunciar el Evangelio de Jesucristo. Y todo, ¿por qué? Porque para él, desde el momento de su conversión, Jesús pasó a ser el motor de su vida personal, de toda su acción apostólica, y de toda Iglesia fundada por Jesús, a cuyo servicio él se iba a entregar con todas sus fuerzas.<br />La actitud de Pablo es un punto de referencia esencial a la hora de valorar lo que supone para toda la Iglesia la auténtica vocación evangelizadora. Llegará a decir algo que suena “muy fuerte” a los oídos de los hombres de hoy. En Gálatas dirá que “No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” . Estaba convencido de que si Cristo, al que antes había perseguido, habitaba realmente en él, a la fuerza debía sentirse empujado, animado, urgido, a darlo a conocer, a evangelizar, a recorrer todo el mundo proclamando el Evangelio, con el fin de ganar a todos para ese Cristo, razón de su vida.<br />Esa urgencia evangelizadora, anunciar la Buena Nueva de Jesucristo, el Dios hecho hombre, la ha sentido la Iglesia siempre y la seguirá sintiendo hasta el fin de los tiempos.<br />Todos hemos sido testigos de la vocación evangelizadora de la Iglesia, encarnada en la figura frágil y fuerte a la vez, de Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud. ¿Qué es lo que hace que un hombre ya muy mayor, y en lo más caluroso del verano, se desplace a un Madrid repleto de jóvenes venidos de todo el planeta, y les ponga ante sus responsabilidades cara a Dios y cara a los hombres, a lo largo de cuatro duras e intensas jornadas? Solamente hay una respuesta: la vocación evangelizadora de la Iglesia. Aquel ¡ay de mí, si no evangelizo! gritado por san Pablo hace dos mil años, lo ha hecho suyo el Papa, al igual que lo han hecho suyo los millones incontables de cristianos seguidores del que es Camino, Verdad y Vida.<br />¿Sentimos nosotros esa misma urgencia?<br />Con mi afecto y mi bendición,<br /><br />+Juan José Omella Omella <br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br /><br /><br /><br /><br />]]></content>
		<id>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry111211-090704</id>
		<issued>2011-12-11T00:00:00Z</issued>
		<modified>2011-12-11T00:00:00Z</modified>
	</entry>
</feed>

