San Pablo V: Apóstol de los gentiles 
domingo, 15 de febrero de 2009, 12:00 AM - La voz del Obispo

San Pablo se presenta ante los apóstoles como elegido por Dios para predicar a los gentiles: Hermanos, lo sabéis perfectamente, Dios me ha elegido para que los paganos oigan de mi boca la Buena Nueva y abracen la fe. Fue quien acogió a la familia del Centurión Cornelio y propagó el Evangelio en Antioquia y en Roma, ciudades insertas de lleno en el paganismo. La verdad es que se ha sentido siempre llamado y enviado por Dios a extender la Buena Nueva por doquier. Vive de esa certeza y actúa en coherencia y fidelidad a esa llamada del Señor. Levántate y entra en la ciudad. No temas, sigue predicando. Pasa a Macedonia. Da testimonio de mí en Roma. Se llama a sí mismo apóstol por elección de Dios. Esa convicción de que Dios le ha llamado a ser apóstol la expresa bellamente en estas palabras: A mí, el más pequeño de todos los santos, se me ha confiado….

San Pablo nos da, a todos los bautizados, un ejemplo a imitar ya que el Señor nos llama a todos a dar testimonio de su amor en medio del mundo, allí donde estemos. Sin embargo tenemos siempre la tendencia a decir que no estamos preparados, que somos siervos inútiles, que nos faltan las palabras… San Pablo nos da ejemplo de valentía y generosidad, el vence esas resistencias y apoya su predicación, no en la elocuencia de la sabiduría humana o de los bellos discursos literarios, sino en la fuerza y en la sabiduría de la Cruz: Dios nos ha confiado el Evangelio, después de probarnos… (1 Tes 2,6). Y sintiéndose frágil y débil se apoya con todas sus fuerzas en el Señor y, de esta manera, puede dar testimonio del Amor de Dios. Sí, el verdadero apóstol del Señor es el que no se predica a sí mismo, sino que apoyándose en el Señor dice a tiempo y a destiempo lo que le agrada a Dios, todo aquello que constituye la enseñanza del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia, aunque se vaya contra corriente o no sea políticamente correcto.

Así lo entendieron los primeros cristianos y así se ha vivido a través de los siglos: siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros. Igual que todos se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho. Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el cielo...Los cristianos son en el mundo lo que el alma en el cuerpo [8]. En ese texto se ve claramente que los cristianos han sido valientes en vivir un estilo nuevo, distinto al del mundo pagano de aquél entonces y que, desgraciadamente, trata de instaurarse nuevamente en nuestra sociedad gracias al relativismo moral imperante y a la falta de valentía apostólica en nosotros, los creyentes.

Ojalá recuperemos todos el ardor apostólico, el celo misionero, que caracterizaba a san Pablo y a lo santos misioneros, para extender la Buena Nueva de la Salvación a nuestro alrededor y que, de esta manera, nadie se vea privado del tesoro del conocimiento de Dios, amigo de los hombres.

Y los temas claves en los que debemos mostrar más valentía son ciertamente los que afectan a la vida, a la familia y a la solidaridad. Que san Pablo ilumine nuestros pasos con sus enseñanzas.

Con mi afecto y bendición.

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

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