<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?>
<rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:ref="http://purl.org/rss/1.0/modules/reference/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/">
	<channel rdf:about="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/rss.rdf">
		<title>EL OBISPO DIOCESANO</title>
		<link>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php</link>
		<description><![CDATA[(C) Delegación de MCS de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño<script src="http://www.google-analytics.com/urchin.js" type="text/javascript">
</script>
<script type="text/javascript">
_uacct = "UA-233495-1";
urchinTracker();
</script>]]></description>
		<items>
			<rdf:Seq>
				<rdf:li resource="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100905-074532" />
				<rdf:li resource="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100725-011037" />
				<rdf:li resource="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100718-061053" />
				<rdf:li resource="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100711-061620" />
				<rdf:li resource="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100704-061911" />
				<rdf:li resource="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100627-190801" />
				<rdf:li resource="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100621-134450" />
				<rdf:li resource="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100620-061152" />
			</rdf:Seq>
		</items>
	</channel>
	<item rdf:about="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100905-074532">
		<title> SE HACE CAMINO AL ANDAR</title>
		<link>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100905-074532</link>
		<description><![CDATA[ <img src="images/camino.jpg" width="484" height="101" border="0" alt="" /> 		<br />	Aquí estamos de nuevo con vosotros, queridos lectores de la Hoja Pueblo de Dios. Nos despedíamos el último domingo del mes de julio deseándoos un feliz descanso para todos y os decía: «Que este mes de agosto, que las vacaciones de este año, sean para todos un tiempo hermoso de descanso, de fortalecimiento de los lazos familiares y de crecimiento en la fe, en la cultura y en salud física, psíquica y espiritual». Espero que haya sido así.   <br />	En este primer domingo de septiembre reanudamos nuestra andadura. Os doy la bienvenida, queridos fieles lectores de esta Hoja Pueblo de Dios. Comienzan los trabajos pastorales, el colegio, la fábrica, la oficina, etc. Todo un año por delante. Y parece que se hace muy cuesta arriba. No olvidemos el viejo refrán chino: «mil kilómetros se hacen dando un paso». Sí, con un paso detrás de otro vamos caminando y recorriendo el largo camino hasta el próximo verano, Con un paso detrás de otro vamos recorriendo la vida y llegamos, casi sin darnos cuenta, a la meta final, al encuentro con el Padre Dios en la gran fiesta del reino de los cielos. Sí, se hace camino al andar. Las huellas que dejamos otros las seguirán, de ahí que sea muy importante caer en la cuenta de cómo recorremos el camino, qué huellas vamos dejando, qué legado entregamos a los que nos seguirán. Os invito a que recorramos el camino con esperanza, con alegría, en verdadera comunión de amor y de paz. Que el pesimismo, el individualismo, la amargura no aniden entre nosotros. <br />	Este verano he hecho un tramo del Camino de Santiago acompañando a jóvenes de nuestra Diócesis y de otras Diócesis de España. En mi grupo, que hizo el camino desde Orense a Santiago (en total 120 Km. en cinco días), íbamos caminando 650 jóvenes. Pero en Santiago nos encontramos con los de otras Diócesis que habían hecho otros tramos del camino. En total éramos más de 12.000 personas, en su mayoría jóvenes. Era emocionante pensar que andábamos por donde miles y miles de peregrinos a lo largo de los siglos habían dejado sus huellas tratando de llegar ante el Sepulcro del Apóstol  Santiago, amigo del Señor. En la ciudad de Compostela dieron el abrazo al Santo, confesaron sus pecados, comulgaron el Cuerpo del Señor Resucitado presente en la Eucaristía y reencontraron el gozo de vivir profundizando en la fe cristiana que nos trajo el Apóstol. <br />	Este encuentro de jóvenes en Santiago, verdadero momento de gracia del Señor, fue como el pistoletazo de salida para trabajar con más empeño en la preparación a las Jornadas Mundiales de la Juventud que tendrán lugar en agosto de 2010 en Madrid. Los jóvenes buscan la verdad, buscan el sentido de la vida, tienen profundos deseos de vivir en amistad con el Dios del Amor. Y eso es así, aunque aparentemente no lo parezca. <br />	Dejemos de hacer conjeturas de cómo son o no son los jóvenes. Acerquémonos a ellos y desde un nuevo ardor misionero, desde un nuevo lenguaje y nuevos métodos, ayudémosles a encontrar la Verdad y la auténtica Felicidad que es Cristo el Señor.<br />	Comprometámonos todos (padres, sacerdotes, catequistas, profesores, monitores de tiempo libre, Cofradías, etc.) en responder a la llamada que Papa Benedicto XVI les hace de encontrarse con Él y con los demás jóvenes de todo el mundo en esas Jornadas Mundiales de la Juventud. No seamos de los que dicen que esas movidas o encuentros tienen poca profundidad. Aprovechemos cualquier ocasión, a tiempo y a destiempo, para predicar el Evangelio y ayudar a que otros, y nosotros mismos también, puedan descubrir el rostro maravilloso de Cristo, Salvador del mundo. <br />	Queridos diocesanos, tenemos un largo tramo de camino por delante. Cuento con vosotros para andarlo codo a codo, en verdadera comunión de amor. Trabajemos con ilusión los Objetivos Pastorales de este año. Haremos entrega del Plan Pastoral el próximo domingo en Valvanera. Os espero a todos. Gracias por vuestra ilusión y generosidad. Orad especialmente por el éxito de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Y gracias por vuestro interés y por el esfuerzo que hacéis para que esta Hoja, humilde y sencilla, siga apareciendo semanalmente. Cuesta dinero y algunos, con sencillez y discreción aportáis vuestra ayuda material. Gracias también por ello.<br /><br />	Con mi afecto y bendición<br /><br /><br />						+ Juan José Omella Omella<br />					Obispo de Calahorra y La Calzada-groño<br /><br /><br />Frase a destacar:<br />Dejemos de hacer conjeturas de cómo son o no son los jóvenes. Acerquémonos a ellos y desde un nuevo ardor misionero, desde un nuevo lenguaje y nuevos métodos, ayudémosles a encontrar la Verdad y la auténtica Felicidad que es Cristo el Señor.<br />]]></description>
	</item>
	<item rdf:about="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100725-011037">
		<title>VACACIONES</title>
		<link>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100725-011037</link>
		<description><![CDATA[ <img src="images/amazonia.jpg" width="484" height="97" border="0" alt="" /> <br />Hoy, fiesta de Santiago Apóstol, último domingo de julio, el Sumanario Pueblo de Dios tomará un pequeño descanso. El reencuentro se realizará el primer domingo de septiembre. Agosto es, para muchas personas, tiempo de descanso, vacaciones, fiestas, viajes, reencuentros familiares…  Pero probablemente este año las vacaciones y viajes queden muy reducidos por cusa de la crisis económica que toca de una manera u otra a todas las familias.  <br />Y aunque no se puedan hacer las vacaciones como en otros años, sí se puede descansar un poco. Jesucristo tampoco hacía cruceros por el Mediterráneo, ni se tomaba unos días para ir a viajar a países exóticos. Sin embargo encontramos un texto muy bonito que puede ayudarnos en este tiempo de verano. Dice Jesús en el Evangelio: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco» . Él se conforma con un lugar tranquilo para descansar, convivir, orar y recuperar fuerzas. De hecho ¿no consisten en eso las vacaciones?<br />Lo normal es que después de un año de trabajo, de preocupaciones, de estrés, experimentemos la fatiga y que deseemos descansar un poco. Pero si el descanso consiste ir de un sitio para otro, en ir cambiando cada varios días las maletas, ir agobiados por las carreteras y los aeropuertos del mundo… entonces, nos agotamos casi más que trabajando.¿Qué propongo, pues, para descansar un poco y recuperar fuerzas?<br /><br />&amp;#61656;	No pensemos sólo en nosotros mismos. Nunca descansaremos ni seremos felices si sólo pensamos en nosotros mismos. Pensemos en los demás, en los otros miembros de nuestra familia. Es hermoso estar con todos. Tener tiempo para pasear juntos, charlar más de lo habitual, emprender iniciativas juntos. Todo lo que hagamos por unir la familia será tiempo muy bien empleado. Y no olvidemos a quienes están enfermos, impedidos o necesitados. Estar con ellos. Dedicarles un tiempo. Mostrarles nuestra cercanía y afecto… es también muy consolador<br />&amp;#61656;	No pensemos en no hacer nada. La ociosidad es muy mala para la salud corporal, psíquica y espiritual. Es importante estar ocupados. Es relajante saber cambiar de ocupación, salir de la rutina habitual. Ver cine, escuchar música, trabajar el jardín, hacer deporte… ¡Cuánto descansa la lectura de un buen libro en un rincón del monte o en la terraza de casa! <br />&amp;#61656;	Procuremos encontrar ratos y espacios para orar, para meditar, para hablar con Dios. Los Apóstoles descansaban con el Señor. Le escuchaban con atención, le contaban sus preocupaciones y sus proyectos. La oración personal y en familia es el mejor relajante que podemos encontrar: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que Yo os aliviaré…» . Cuidemos la oración. Un verdadero creyente dedica en vacaciones más tiempo a la oración. Procura también, si es posible, hacer Ejercicios Espirituales o unos días de Retiro Espiritual. Y no dejemos de asistir a la Eucaristía. Los mártires de Abitinia, en los primeros siglos del cristianismo, decían a quienes les condenaron a muerte por no dar culto al Emperador de Roma: «Nosotros, cristianos, no podemos vivir sin el Domingo, sin la Eucaristía». Nuestra fe se fortalece en la Eucaristía, en la doble mesa de la Palabra y de la Comunión al Cuerpo del Señor.<br /><br />Que este mes de agosto, que las vacaciones de este año, sean para todos un tiempo hermoso de descanso, de fortalecimiento de los lazos familiares y de crecimiento en la fe, en la cultura y en salud física, psíquica y espiritual.<br />	<br />Con mi afecto y bendición,<br /><br />+Juan José Omella Omella <br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br /><br /><br />Frase a destacar<br />Lo normal es que después de un año de trabajo, de preocupaciones, de estrés, experimentemos la fatiga y que deseemos descansar un poco. Pero si el descanso consiste ir de un sitio para otro, en ir cambiando cada varios días las maletas, ir agobiados por las carreteras y los aeropuertos del mundo… entonces, nos agotamos casi más que trabajando<br />]]></description>
	</item>
	<item rdf:about="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100718-061053">
		<title>EL PERDON DE LOS PECADOS</title>
		<link>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100718-061053</link>
		<description><![CDATA[ <img src="images/crucifixion.jpg" width="484" height="97" border="0" alt="" /> <br />¡Cuántas veces hemos oído decir e incluso haberlo dicho nosotros mismos: perdono pero no olvido. ¿Qué se quiere decir con esa frase? Pues algo tan sencillo como que no cuesta entender y aceptar que se perdonen la pena o las penas derivadas del pecado, pero, sin embargo, no llegamos a aceptar que se perdone también la culpa o, lo que es lo mismo, el que el pecado se haya hecho realidad.  <br />Para una mejor comprensión de lo que es el perdón y el olvido, es bueno acudamos a la experiencia de la vida. ¿Verdad que una madre es capaz de perdonar a su hijo, cuando éste ha sido positivamente malo – ha actuado hasta con malicia -, de forma que lo sucedido entre ambos ha dejado de existir hasta el punto de llegar a un olvido absoluto? ¿Por qué razón no hacemos eso mismo con las personas que nos ofenden y con las que nos queremos reconciliar?<br />Cuando proclamamos nuestra fe católica decimos: Creo en el perdón de los pecados. Sí, no podemos olvidar que el perdón de los pecados es ante todo y sobre todo obra trinitaria de Dios. De hecho, Jesús en  la cruz dice: Padre, perdónales . Y el Padre perdona porque ve hasta qué punto el Hijo – Dios consustancial con el Padre – perdona a los que le han ofendido y ambos conceden al pecador el don del Espíritu para que entre en su corazón de hielo y lo derrita y el amor comience a bullir en él.<br />Una de las peticiones del Padrenuestro es precisamente esta: Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden . Ciertamente Dios nos perdona siempre que le pedimos perdón con fe y con arrepentimiento. Y nos perdona si, por nuestra parte, tenemos la disposición de perdonar a los que nos han ofendido a nosotros. Sería una incongruencia absoluta esperar el perdón de Dios si estamos cerrados a perdonar a los demás. Más aún, si Dios nos brinda su perdón de forma continua y gratuita, ¿qué razón podemos alegar para justificar el que no perdonemos a los que nos ofenden?<br />De hecho, y no debemos olvidarlo, el primer perdón nos vino a todos por el sacramento del Bautismo. Se nos borró el llamado pecado original. Asimismo sabemos que si se recibe el Bautismo ya en edad del  discernimiento, además del pecado original se perdonan los pecados personales cometidos. El Espíritu desciende sobre el bautizado, le lleva a la conversión y al acercamiento a Dios.<br />¿Y qué decir de la confesión? Es el sacramento por el cual el bautismo vuelve a ser eficaz en el pecador, ya que renueva la gracia recibida en él. Ambos – Bautismo y Confesión – son siempre actos personales. No se bautiza a un pueblo, a una ciudad, a un país entero. Ni tampoco se confiesa a un pueblo, a una ciudad o a un país entero. Siempre a una persona, por muy pobre y sencilla que sea. ¿Recordáis aquella escena tan hermosa que nos narra el Evangelio, en la que una mujer – individualizada – quedó instantáneamente curada – ella sola –, pese a que era toda una multitud la que apretujaba a Jesús ?<br />Y el perdón de Dios se nos ofrece a lo largo de nuestra vida –oh maravilla- en el Sacramento del Perdón, en la Confesión, a través de una mediación bien sencilla: el sacerdote. Sí, amigos lectores, el Sacramento del Perdón solamente lo puede ejercer el sacerdote. Así lo ha querido el Señor: lo que atéis en la tierra, quedará atado en el cielo; lo que desatéis en la tierra, quedará desatado en el cielo .<br />Jesucristo nos invita – más aún, nos exige – a perdonar a los que nos han ofendido, antes de presentar nuestra ofrenda a Dios. Y el apóstol Pablo pedirá a los fuertes que sobrelleven las flaquezas de los débiles . No es suficiente con perdonar: hay que acercarse al débil y ayudarle.<br />Todos somos responsables de todos: esto forma parte de la identidad cristiana. Somos una comunidad espléndida – verdadera familia - en la que no vale desentenderse de los otros. Vivamos con exigencia y apasionamiento esta maravillosa realidad. Ejercitemos el perdón de unos con otros y desde la reconciliación ofrecida podrá establecerse una sociedad reconciliada y fraterna.<br />Con mi afecto y bendición,<br /><br />+Juan José Omella Omella <br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br /><br /><br />Frase a destacar <br /><br />El perdón de Dios se nos ofrece a lo largo de nuestra vida –oh maravilla- en el Sacramento del Perdón, en la Confesión, a través de una mediación bien sencilla: el sacerdote<br />]]></description>
	</item>
	<item rdf:about="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100711-061620">
		<title>LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE</title>
		<link>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100711-061620</link>
		<description><![CDATA[ <img src="images/resurreccion2..jpg" width="484" height="230" border="0" alt="" /> <br /> En el Evangelio se nos se nos dice que los saduceos negaban la resurrección de los muertos. No aceptaban una vida después de esta vida. Este mismo planteamiento acerca del más allá lo tienen hoy muchos de nuestros contemporáneos, incluso -desgraciadamente- entre los que se consideran creyentes.   <br />Es cierto que creer en la resurrección no es fácil. Hablamos de que nuestra carne, esa carne limitada y efímera que poseemos, una vez muerta y corrompida, volverá a la vida. ¿En qué nos fundamentamos para creer esta verdad? Lisa y llanamente en que esa carne, nuestra carne, fue asumida por el Verbo de Dios cuando vino a la tierra hace dos mil años. La carne y la sangre que Dios acogió al nacer de la Virgen María es absolutamente igual a la nuestra. Esto, y no otra cosa, es lo que queremos decir cuando afirmamos que el Verbo de Dios se hizo carne.<br />Por otra parte, un alma desencarnada no es un ser humano. ¿Cómo un alma desencarnada puede resucitar? Somos cuerpo y alma. Jesús, una vez resucitado, es reconocido por sus apóstoles. Es visible, tiene un cuerpo que pueden tocar, el mismo cuerpo de antes de su muerte, pero de alguna manera distinto ya que traspasa las paredes, aparece y desaparece. ¡Qué elocuentes son las palabras de ánimo que les decía el Señor a los apóstoles y discípulos para alentar su fe en la resurrección! Mirad mis manos y mis pies, soy yo mismo. Palpadme y comprended que un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo .<br />¿Cuándo se realizará eso en nosotros? Sólo Dios lo sabe. Sabemos por la fe que sucederá, que será después de la muerte, de nuestra propia muerte, pero no sabemos ni cuándo ni cómo.<br />La mayor prueba de nuestra propia resurrección viene determinada por la Resurrección de Cristo, y en sus mismas palabras: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre .<br />Si Jesús Resucitado muestra sus llagas, sus manos y sus pies, no lo hace solamente para ser identificado, sino para demostrar de una manera muy plástica que todo padecimiento terreno ha sido glorificado y transpuesto a la vida eterna luminosa. ¡Esa es nuestra esperanza tan hermosa: que el mal se transformará en bien; el dolor en alegría; la muerte en vida!<br />Todo el dolor, todo el sufrimiento, toda la crueldad de la historia universal, todo ello junto, nunca jamás llegará a ser lo que fue en el Gólgota el abandono de Jesús por parte de Dios. Sin embargo, no es menos cierto que el dolor, el sufrimiento, la crueldad, queda sumido en ese tremendo abandono para triunfar – luminosa y esplendorosamente – en Cristo Resucitado.<br />Y conviene no olvidar que al hablar de nuestra fe en la resurrección de la carne estamos hablando también de la “resurrección del mundo”. Resucitaremos los hombres y también el mundo. San Pablo lo dice expresamente en el capítulo octavo de su carta a los Romanos. Habla de que la creación entera gime y sufre con dolores de parto hasta el momento presente. Y añade: también la misma creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la libertad gloriosa de los hijos de Dios . <br />Dios creó el mundo, pero el hombre lo echó a perder con el pecado y Cristo lo restauró con su muerte en la cruz y, finalmente, el Espíritu lo santificó con su fuerza renovadora. Ese mundo transformado – precisamente ese – es el que nos espera en la vida eterna. De ahí nuestro canto de esperanza que se hace presente en los funerales:<br />Tú nos dijiste que la muerte no es el final del camino,<br />Que aunque morimos, no somos carne de un ciego destino;<br />Tú nos hiciste, tuyos somos, nuestro destino es vivir,<br />Siendo felices contigo, sin padecer ni morir.<br />Con mi afecto y bendición,<br /><br />+ Juan José Omella Omella <br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br /><br />Frase a destacar<br /><br />Un alma desencarnada no es un ser humano. ¿Cómo un alma desencarnada puede resucitar? Somos cuerpo y alma. Jesús, una vez resucitado, es reconocido por sus apóstoles. Es visible, tiene un cuerpo que pueden tocar, el mismo cuerpo de antes de su muerte, pero de alguna manera distinto ya que traspasa las paredes, aparece y desaparece<br />]]></description>
	</item>
	<item rdf:about="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100704-061911">
		<title>LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS</title>
		<link>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100704-061911</link>
		<description><![CDATA[ <center> <img src="images/comunion_santos.jpg" width="373" height="242" border="0" alt="" /> </center>  <br />En el artículo 10º del Credo proclamamos: Creo en la Comunión de los santos. Para comprender un poco lo que eso significa debemos recordar que la Eucaristía nos hace partícipes de la santidad de Dios, que nos une a todos en Cristo y, por lo tanto, hace posible nuestra comunión con las personas santas.  <br />En mi escrito sobre la Iglesia decía que una de las notas que caracterizan a la verdadera Iglesia es precisamente la de la santidad. La Iglesia, decía, es santa porque su cabeza, que es Cristo, es santa, santos son los medios de los que se vale para sacar adelante su misión, los sacramentos y la Palabra, y santos son sus frutos, las personas santas, los hombres y mujeres de todos los tiempos que están en el cielo, o esperando en el Purgatorio o todavía peregrinos aquí en la tierra.<br />¿Qué significa esa Comunión? Que lo que uno tiene pertenece a todos. Es como un metabolismo infinito y una infinita circulación sanguínea entre todos los miembros del cuerpo eclesial de Cristo, en palabras del teólogo Urs von Baltasar.<br />Los que llamamos santos son como cámaras de tesoros, abiertas y accesibles a todos, verdaderos manantiales del agua eterna en la que todos pueden beber. Nada hay en la comunidad de los santos que sea privado, exclusivo, aunque todo es personal. Sí, los santos son los que siguen al Cordero por dondequiera que vaya, que leemos en el libro del Apocalipsis. Han seguido a Cristo renunciando a ellos mismos, porque no viven ni mueren para sí, viven y mueren para el Señor. Y en esa muerte – su propia entrega hasta el final – encuentran a Dios y encuentran a los hermanos. Con su amor, en definitiva, hacen posible la labor misionera de la Iglesia y la fecundan sin cesar.<br />Encontramos un ejemplo modélico de esta Comunión de los Santos en Santa Teresita del Niño Jesús: no salió nunca de su convento de clausura y, sin embargo, con su oración y mortificación – con su renuncia y entrega – fecundó a la Iglesia, fecundó la acción misionera, hasta el punto de que llegó a ser proclamada nada más y nada menos que patrona de todas las Misiones. Al final de sus días, animaba a sus hermanas con estas palabras que expresan muy bien cómo entendía ella la Comunión: Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra.<br />¿Qué es, por tanto, la Comunión de los santos? Es la ayuda que nos prestamos en Dios aunque no caigamos en la cuenta de que lo hacemos. ¡No estamos solos! Hemos de ser como los primeros cristianos, que estaban tan unidos por el afecto y las buenas obras que ya exclamaban con sus vidas: El amor de Dios nos ha hecho una sola cosa (del Himno litúrgico Ubi cáritas).<br />La consideración de esta verdad de fe que es la Comunión de los Santos nos ha de llevar a una reflexión continuada que podríamos formular así: ¿soy consciente del bien tan grande que hago a mis hermanos cuando practico la virtud, cuando hago las cosas como debo? Y, por el contrario, ¿me doy cuenta de que mi debilidad, mi pecado, entorpece la buena marcha de mis hermanos hacia Dios?<br />Con mi afecto y bendición,<br /><br />+ Juan José Omella Omella <br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br /><br />Frase a destacar<br />Los que llamamos santos son como cámaras de tesoros, abiertas y accesibles a todos, verdaderos manantiales del agua eterna en la que todos pueden beber. Nada hay en la comunidad de los santos que sea privado, exclusivo, aunque todo es personal. <br /><br />]]></description>
	</item>
	<item rdf:about="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100627-190801">
		<title>Servidor de todos</title>
		<link>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100627-190801</link>
		<description><![CDATA[  <center><img src="images/ultimacena.jpg" width="484" height="118" border="0" alt="" /> </center>  Así llamamos al Santo Padre: servidor entre los siervos del Señor. Bella expresión que traduce la latina: Servus servorum Domini, título que se dan los Papas a sí mismos en documentos de importancia. El Papa San Gregorio I Magno (años 590 a 604) fue el primero en usarlo extensamente.   <br />Como servidor de Dios y de la Comunidad Cristiana, el Santo Padre tiene que atender más de un problema, recibe más de una crítica y tiene que soportar más de una acusación. En estos últimos tiempos se le ha atacado injusta y despiadadamente, entre otras cosas, por el doloroso tema de la pederastia de algunos sacerdotes de la Iglesia católica. Horrible pecado y vergonzosa conducta de personas consagradas a Dios, llamadas a hacer el bien y a servir a las comunidades cristianas. Los medios de comunicación social querían atribuirle esas nefandas conductas de sacerdotes que han sido infieles a su consagración.<br />A todos los que tratamos de vivir con entrega nuestra vida de consagrados y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad nos duelen enormemente y nos escandalizan los casos de pedofilia en la Iglesia. Pero también nos duele el que ese crimen y pecado se produzca en otros estamentos de la sociedad y sin embargo se silencien por causa de un relativismo moral que está invadiendo nuestro mundo. <br />En nombre propio y en el de toda la comunidad cristiana que peregrina en La Rioja, en una fecha como ésta, 29 de junio, en la que honramos la memoria de san Pedro, el primer Papa, quiero mostrarle a Benedicto XVI, «Dulce Cristo en la tierra», como llamaba santa Catalina al Papa, nuestra cercanía a su persona y a su ministerio, en estos momentos en los que destacados Medios de Comunicación le ataca injustamente y de manera tan despiadada. <br />Agradecemos la carta que recientemente ha escrito a los cristianos de Irlanda. Preciosa y valiente, llena de humildad y de sentido evangélico. Agradecemos también, y de manera especial, su testimonio de fortaleza y de confianza en el Señor en estos momentos tan dolorosos. Agradecemos el que nos aconseje rezar y unirnos más al Señor en estos momentos tan penosos. Estamos seguros de que el Señor sabrá sacar gracia abundante de todos esos sufrimientos. <br />Recemos por el Papa y por todas sus intenciones. Mostrémosle nuestra cercanía y aprecio. Pongamos cada día su vida y su ministerio petrino bajo el amparo de María Virgen, Madre del Consuelo y de la Esperanza, para que nos confirme en la belleza de la fe, en la alegre esperanza y en la misteriosa fecundidad del amor cristiano.<br />           En mi reciente viaje a Roma para asistir a la clausura del Año Sacerdotal, he tenido la oportunidad de besar su anillo de Supremo Pastor de la Iglesia y de reiterarle mi deseo profundo de vivir todos los días de mi vida en plena comunión con él, con el Sucesor de Pedro. Ojalá que todos los cristianos de esta Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño sepamos vivir en comunión de afecto con el Vicario de Cristo: cum Petro et sub Petro.<br />	Con mi afecto y bendición <br /><br /><br />+ Juan José Omella Omella<br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br /><br />Frase a destacar:<br /><br />Como servidor de Dios y de la Comunidad Cristiana, el Santo Padre tiene que atender más de un problema, recibe más de una crítica y tiene que soportar más de una acusación. En estos últimos tiempos se le ha atacado injusta y despiadadamente, entre otras cosas, por el doloroso tema de la pederastia de algunos sacerdotes de la Iglesia católica. <br />]]></description>
	</item>
	<item rdf:about="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100621-134450">
		<title>SACERDOTES DEL SIGLO XXI</title>
		<link>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100621-134450</link>
		<description><![CDATA[ <center> <img src="images/ars1_copia.jpg" width="425" height="220" border="0" alt="" /></center>  <br />Un amigo mío me comentó que, hace algunos años, el periódico &#039;Il Tempo&#039;, uno de los más importantes de Italia, convocó un concurso titulado «¿Qué quieres ser de mayor?». Los niños italianos sólo tenían que elegir una de las setenta y ocho profesiones que el periódico proponía. &#039;Il Tempo&#039; tenía ya preparados los trajes apropiados. Cada niño elegía la profesión que más le gustaba, se ponía el traje y se hacía la fotografía. El periódico iba seleccionando y publicando las mejores.   <br />Hubo un niño que miró la lista una y otra vez, de arriba abajo, como si buscase algo que no encontrara. Al no hallar lo que quería, le dijo a su padre: <br />- Papá, y ¿sacerdote no se puede ser? <br />Su padre se quedó helado. Volvió a revisar la lista y, efectivamente, no habían contemplado que alguien quisiera ser sacerdote de mayor.   <br />Para algunos de nuestros contemporáneos, el sacerdocio es algo a extinguir, algo trasnochado, algo que no dice nada a la gente. Tal vez para algunos, en el mundo que anhelan, sólo tengan cabida los buzos, los astronautas, los bomberos, los toreros, los deportistas, los guardias, los médicos, los abogados. y no los sacerdotes. <br />He tenido la suerte de poder asistir a la clausura del Año Santo Sacerdotal que tuvo lugar en Roma los días 9, 10 y 11 de junio. En la misa de clausura, presidida por el Papa Benedicto XVI, estábamos 500 obispos y 16.000 sacerdotes, en su mayoría jóvenes. Los medios de comunicación no se han esforzado demasiado en dar y comentar la noticia de ese encuentro. Si hubiesen asistido pocos sacerdotes, la noticia hubiese estado ampliamente servida, creo yo. <br />En los encuentros que tuvimos todos los participantes (basílica de San Juan de Letrán, de San Pablo Extramuros y en la plaza de San Pedro) se notaba un ambiente de gozo, de ganas de trabajar por la causa del Evangelio, de seguir sirviendo a los hermanos, especialmente a los más necesitados. No se notaban muestras de desánimo ni de cansancio. <br />Es cierto que los medios de comunicación han mostrado hasta la saciedad pecados, horribles pecados, de algunos sacerdotes. Esos pecados me producen horror y enorme dolor. Pero ¡qué consuelo y alegría da ver a sacerdotes generosos, identificados con su vocación, gozosos en el servicio a los demás! Es verdad que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece. <br />Felicito a tantos y tantos sacerdotes que están haciendo el bien en nuestra tierra patria. Tienen nombre y apellidos, son conocidos por muchos de nosotros. Han ayudado a familias, a jóvenes, a niños, a transeúntes y enfermos. Gracias, queridos sacerdotes, por lo que sois y lo que hacéis en bien de los demás. <br />Y felicito también a tantos y tantos sacerdotes que en los países en vías de desarrollo están gastando sus vidas anunciando la buena nueva de Jesús y ayudando a la gente a salir de su miseria y subdesarrollo. Nuestros misioneros son admirables. Pienso en Pierre Bené, francés, que trabaja con niños de la calle en Ouagadougou. Recuerdo a la hermana Rosa Muñoz, médico, que trabaja salvando vidas en un hospital en plena selva africana, en Popokabaka. Y cómo no recordar a nuestros misioneros, conocidos por muchos riojanos, que se gastan y desgastan en el servicio a los más pobres y a los que no conocen todavía a Dios. <br />Queridos sacerdotes y misioneros, gracias por vuestro testimonio. Sois luz que ilumina y nos estimula. Ojalá que muchos jóvenes sigan vuestros pasos y descubran que hay más gozo en dar que en recibir. Me impresionó ver en la plaza de San Pedro, en la clausura del Año Santo Sacerdotal, una pancarta que llevaban unos jóvenes sacerdotes, decía: «Vivimos con gozo el celibato». Sólo entiende y vive el celibato quien se siente amado apasionadamente por Cristo. Sólo lo entiende y lo vive quien ama apasionadamente a Cristo y a los hermanos a quien sirve desde la entrega generosa y sin exclusivismos. Así lo vivió el Santo Cura de Ars, Juan María Vianney, patrono de los párrocos del mundo. <br />No olvidemos que el sacerdocio es una vocación noble que debe poder entrar también en la lista de posibles trabajos y vocaciones a elegir entre los chavales que se van planteando qué podrían ser el día de mañana.<br /><br />                   Mons. D. Juan José Omella Omella               <br /><br />   Publicado en el periódico La Rioja  19 de junio de 2010-06-21<br /><br />]]></description>
	</item>
	<item rdf:about="http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100620-061152">
		<title>DIOS GUIA A LA IGLESIA</title>
		<link>http://www.iglesiaenlarioja.org/obispo/index.php?entry=entry100620-061152</link>
		<description><![CDATA[ <img src="images/camino.jpg" width="484" height="101" border="0" alt="" /> <br />En los meses pasados he estado escribiendo sobre el Credo. Hoy quiero comentar la siguiente expresión o fórmula de nuestra fe: “Creo en la Santa Iglesia Católica”.<br />Expresamos nuestra fe en la Iglesia inmediatamente después de nuestra fe en Dios Espíritu Santo, y no por pura casualidad. La obra más maravillosa, la obra salvífica por excelencia, de las tres divinas personas es la Iglesia, el gran regalo de Dios a los hombres.  <br />En mi vida de sacerdote, y también en mi trabajo pastoral de Obispo, me he encontrado en más de una ocasión con personas que me venían a decir aquello de que “yo creo en Dios, pero no creo en la Iglesia”. Siempre he querido pensar que una apreciación así responde más a una laguna en la formación, a simple ignorancia, que a mala intención. Este planteamiento responde sencillamente al hecho real de que la Iglesia está integrada por personas de carne y hueso, no de ángeles, dotadas por tanto de limitaciones y defectos. Pero el hecho cierto es que ahí está, y que todos – no sólo los obispos y los sacerdotes – hemos de llenar ese vacío con nuestra palabra iluminadora y con nuestro buen ejemplo de hombres y mujeres que están dentro de la Iglesia, que forman parte de ella.<br />¿Qué es la Iglesia? De entrada diré que es un misterio. Ha sido pensada, diseñada, inventada nada menos que por Dios mismo. Pretender meter a la Iglesia en el saco de nuestras instituciones humanas – las inventadas por los hombres -, bien sean económicas, políticas o culturales, es como mínimo un desatino y una equivocación. La Iglesia es la comunidad de fe y de salvación que fundó Jesucristo, formada por los fieles cristianos y gobernada por el Papa y los Obispo en comunión con él.   <br />La palabra latina ecclesia  significa reunión, convocación de la asamblea. Designa «la asamblea de aquellos a quienes convoca la palabra de Dios para formar el Pueblo de Dios y que, alimentados con el Cuerpo de Cristo, se convierten ellos mismos en Cuerpo de Cristo » .  En toda asamblea hay alguien que convoca. En el caso de la Iglesia es Dios mismo quien lo hace. <br />El magisterio de la Iglesia, juntamente con el pueblo creyente, ha dado otra definición de lo que es la Iglesia: Cuerpo místico de Cristo. Y así, de manera análoga a como en Cristo hay dos naturalezas en una sola Persona, en la Iglesia hay dos elementos  - uno visible, invisible el otro – que componen una única realidad, al que llamamos audaz y justamente Cuerpo místico de Cristo.<br />Me detendré brevemente en las notas que caracterizan a la Iglesia.<br />Es una porque sus hijos están unidos por una misma fe, por los mismos sacramentos y bajo la misma Jerarquía, esto es, el Papa y los Obispos.<br />Es santa porque santa es su cabeza, Cristo, santa su identidad más íntima, y santos sus frutos. Diríamos que la Iglesia se halla santificada por el mismo Espíritu que santificó a la Virgen, a la que por ello llamamos la llena de gracia.<br />Es apostólica porque se remonta sin interrupción hasta los apóstoles, que nos entregaron la Revelación.<br />Y, finalmente, es católica por dos razones:<br />- encierra en sí el misterio de toda la verdad viva de Dios.<br />- está llamada a comunicar a todo el mundo esa verdad de Dios.<br />Esto último nos sugiere que la Iglesia no es en mero enclave en medio de un mundo impío o profano, sino que es algo dispuesto por Dios para comunicar a todos los hombres la salvación perfecta. Que es católica  quiere decir que está en todas partes, una Iglesia a nivel global que diríamos hoy.<br />Termino con unas palabras de san Agustín que nos pueden servir de estímulo en momentos recios como los que estamos viviendo. El obispo de Hipona decía que «la Iglesia avanza entre las consolaciones de Dios y las persecuciones del mundo». Hermosas palabras que explican muy bien el porqué de nuestra esperanza en la Iglesia: está en manos de Dios y  «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella»  .<br />Con mi afecto y bendición,<br /><br />+Juan José Omella Omella <br />Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño<br /><br />Frase a  destacar<br /><br />En mi vida de sacerdote, y también en mi trabajo pastoral de Obispo, me he encontrado en más de una ocasión con personas que me venían a decir aquello de que “yo creo en Dios, pero no creo en la Iglesia”. Siempre he querido pensar que una apreciación así responde más a una laguna en la formación, a simple ignorancia, que a mala intención. <br /><br />]]></description>
	</item>
</rdf:RDF>
