El Sacerdocio
| El sacerdocio ministerial. |
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Cristo
el Señor instituyó en su Iglesia, Pueblo de Dios sacerdotal, diversos
ministerios, ordenados al bien de todo el cuerpo. Todos los miembros de
la Iglesia tienen su propio cometido en la misión que tiene encomendada
el Pueblo de Dios. En el misterio de la Iglesia, misterio de comunión y de misión, los presbíteros, por el sacramento del Orden, son enviados por el Padre, por medio de Jesucristo, Cabeza y Pastor, con quien se configuran de un modo especial para vivir y actuar, con el don del Espíritu Santo, al servicio de la misma Iglesia para la salvación del mundo. Así pueden actuar en nombre y en la persona de Cristo, desde su ministerio específico, esencialmente distinto al sacerdocio común de los fieles: el ministerio presbiteral. El ministerio de los sacerdotes es un "ministerio del Espíritu" (Cor3,8) . El ministerio presbiteral tiene una radical forma comunitaria y es ejercido como una tarea conjunta por la incorporación al orden de los presbíteros en comunión jerárquica con el Obispo. Unidos a él como cooperadores necesarios, El servicio de los presbíteros diocesanos a la Iglesia se realiza y concreta en su pertenencia a una Iglesia particular con la que se vincula por la incardinación, compromiso no sólo jurídico sino también espiritual y pastoral, así los sacerdotes diocesanos seculares están llamados a conocer y amar, sostener y servir a su propia Iglesia con sentido católico. Los sacerdotes, pues, prestan un servicio insustituible al Pueblo de Dios en una Iglesia toda ella evangelizadora y misionera, cuya misión radica en el anuncio del reino de Cristo y de Dios para establecerlo en medio de todas las gentes. De este modo la Iglesia se constituye en la tierra como germen y principio de ese Reino.
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La vocación sacerdotal. |
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Jesús llamó y constituyó Doce "para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar..." (Mc3, 13-14). "Cristo envió a sus Apóstoles como el Padre lo había enviado a Él, y por medio de los Apóstoles hizo que los sucesores de éstos, los obispos, participaran de su consagración y misión. Su función ministerial, en grado subordinado, fue encomendada a los presbíteros para que constituidos en el orden del presbiterado, fueran los colaboradores del orden episcopal para realizar adecuadamente la misión apostólica confiada por Cristo"(PO 2). Los presbíteros, pues, son llamados por Dios en una comunidad eclesial concreta. Elegidos, pero no separados de sus hermanos, acogen la llamada como don. Al recibir la vocación sacerdotal, como don de Dios para la comunidad cristiana y para ellos mismos, servirán en el ministerio con gratuidad, pues gratis lo recibieron, y procurarán crecer en su vocación día a día.
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