El Seminario como lugar de formación

 

 

 

Necesidad de una formación específica. 
   

El carácter singular del ministerio presbiteral y la importancia del mismo para la vida de la Iglesia exigen, en quienes han sido llamados a él por el Señor, una formación específica.

La Iglesia, movida por la responsabilidad que le incumbe y por el "el derecho propio y exclusivo de formar a aquellos que se destinan a los ministerios sagrados" (CIC 232) reconoce la necesidad de medios e instituciones para la formación propia de los llamados al sacerdocio. Aleccionada además por su propia experiencia histórica, la Iglesia ha comprobado, a lo largo de ella, la necesidad del Seminario Mayor como el "lugar óptimo de formación sacerdotal y el ambiente normal, incluso material, de una vida comunitaria y jerárquica"(PDV 60) con Formadores consagrados a esta tarea.

 

 

Adecuación al momento actual.

Los frutos de la renovación en la formación sacerdotal promovida por el Concilio Vaticano II, las experiencias positivas de los últimos años, discernidas y recogidas por los anteriores planes de Formación sacerdotal y su aplicación práctica, han decantado una serie de principios básicos que iluminan la realidad y tarea de nuestros Seminarios y articulan sus respectivos proyectos educativos. Entre ellos conviene subrayar:

    • La concepción del Seminario como itinerario de vida, que comporta un proceso formativo, antes que un mero lugar material.

    • El carácter prioritariamente formativo de la comunidad del Seminario.

    • La incorporación personal de los aspirantes al sacerdocio al proceso formativo del Seminario y su participación activa y responsable en el funcionamiento del mismo.

    • La importancia de una cuidadosa formación humana en orden a conseguir "personalidades equilibradas, sólidas y libres, capaces de llevar el peso de las responsabilidades pastorales" (PDV 43).

    • La necesidad de una formación religiosa y espiritual hondamente personalizada y vivencialmente experimentada como una relación de comunión y amistad profundas con Jesucristo.

    • La adquisición de una seria formación intelectual que capacite a los futuros sacerdotes para el anuncio del Evangelio en el mundo actual, haciéndolo creíble frente a las legítimas exigencias de la razón humana.

    • El régimen de vida comunitaria de los miembros del Seminario y su dedicación plena a la formación sacerdotal.
      La inserción progresiva de los seminaristas en la vida de la diócesis, y el seguimiento atento y la sensibilidad ante los problemas de la sociedad.