D. Carlos nos envía las primicias del encuentro de Acción Católica con el Santo Padre en Roma esta m


En el contexto del II Congreso Internacional de Acción Católica General, un grupo numeroso de ACG ha tenido un encuentro con el Papa Francisco esta mañana y, desde allí, D. Carlos nos envía los momentos más especiales.


En el primer vídeo, una familia saluda al Papa Francisco. En el segundo vídeo, le han entregado un evangelio rescatado en una barca en Lampesusa, en el que estaba marcado el Salmo 55.

SALMO 55

Dios mío, escucha mi oración,

no seas insensible a mi súplica;

atiéndeme y respóndeme.

La congoja me llena de inquietud;

estoy turbado por los gritos el enemigo,

por la opresión de los malvados:

porque acumulan infamias contra mí

y me hostigan con furor.

Mi corazón se estremece dentro de mi pecho,

me asaltan los horrores de la muerte,

me invaden el temor y el temblor,

y el pánico se apodera de mí.

¡Quién me diera alas de paloma

para volar y descansar!

Entonces huiría muy lejos,

habitaría en el desierto.

Me apuraría a encontrar un refugio

contra el viento arrasador y la borrasca.

Confunde sus lenguas, Señor, divídelas,

porque no veo más que violencia

y discordia en la ciudad,

rondando día y noche por sus muros.

Dentro de ella hay maldad y opresión,

en su interior hay ruindad;

la crueldad y el engaño

no se apartan de sus plazas.

Si fuera mi enemigo el que me agravia,

podría soportarlo;

si mi adversario se alzara contra mí,

me ocultaría de él.

¡Pero eres tú, un hombre de mi condición,

mi amigo y confidente,

con quien vivía en dulce intimidad:

juntos íbamos entre la multitud

a la Casa de Dios!

Que la muerte los sorprenda,

que bajen vivos al Abismo,

porque dentro de sus moradas sólo existe la maldad.

Yo, en cambio, invoco a mi Dios,

y el Señor me salvará.

De tarde, de mañana, al mediodía,

gimo y me lamento,

pero él escuchará mi clamor.

El puso a salvo mi vida;

se acercó cuando eran muy numerosos

los que estaban contra mí.

Dios, que reina desde siempre,

los oyó y los humilló.

Porque ellos no se corrigen

ni temen a Dios;

alzan las manos contra sus aliados

y violan los pactos.

Su boca es más blanda que la manteca,

pero su corazón desea la guerra;

sus palabras son más suaves que el aceite,

pero hieren como espadas.

Confía tu suerte al Señor,

y él te sostendrá:

nunca permitirá que el justo perezca.

Y tú, Dios mío, los precipitarás

en la fosa más profunda.

Los hombres sanguinarios y traidores

no llegarán ni a la mitad de sus días.

Yo, en cambio, confío en ti, Señor.

Delegación española de Acción Católica General

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