Día Mundial del Refugiado


África Marcitllach: “Cuando no tienes nada que perder y te levantas cada día sin saber si tus hijos van a comer o si ese va a ser tu último día, es motivo más que suficiente para plantearse abandonar todo y salvar la vida”



Día Mundial del Refugiado 2020


Los conflictos, la persecución por diferentes motivos, la falta de libertad, el hambre y la pobreza, entre otros factores, fueron los motivos por los que, en el año 2019, según Naciones Unidas, en el mundo hubiera ya cerca de 80 millones de personas desplazadas de sus lugares de residencia. De ellas, casi 30 millones son personas refugiadas.


“Por nuestro trabajo de lucha contra el hambre y la pobreza de más de sesenta años, en Manos Unidas conocemos y entendemos los motivos por los que estas personas huyen, con las manos vacías, dejando todo atrás”, asegura África Marcitllach, coordinadora de proyectos de Manos Unidas en Oriente Medio; una de las zonas del mundo en las que, a día de hoy, el flujo migratorio es más elevado. “Levantarse cada día sin saber si tus hijos van a poder comer o, simplemente, levantarse sin saber si ese va a ser el último día que lo hagas, es motivo más que suficiente para plantearse el abandonar todo para salvar la vida”, explica Marcitllach.


Una de las finalidades de los proyectos de desarrollo que lleva a cabo Manos Unidas es proporcionar a estas personas en sus países de origen las herramientas con las que poder hacer frente a su día a día y evitar, así, que se vean obligadas a abandonar sus comunidades, renunciando a sus raíces, a sus familias, a su idioma... porque, según “la pobreza y el hambre son el caldo de cultivo en el que proliferan los conflictos y en el que se alimentan los regímenes dictatoriales y totalitarios que los llevan a huir”.

“Pero el camino para conseguir nuestra meta todavía es largo y son demasiados los intereses económicos, políticos y sociales, que mantienen vivos los conflictos y cercenan las libertades y las oportunidades”, lamenta la coordinadora de la ONG en Oriente Medio. Marcitllach asegura que “ese miedo es el que da alas a estas personas y, esas alas, les permiten volar, hasta que te las cortan”. “Muchas de estas personas, movidas por la desesperación y sin recursos, eligen las rutas menos seguras para alcanzar sus sueños, que quedan ahogados en el mar o muertos de hambre y de sed en el camino”, explica África Marcitllach.

Torturas en el desierto


Este es el caso de muchos de los migrantes procedentes del Este de África, fundamentalmente de Eritrea, Somalia y Sudan del Sur y que recalan en Tel Aviv, en Israel, tras atravesar el desierto del Sinaí donde son víctimas de las mafias beduinas de traficantes de personas. “Lo que viven estos seres humanos en el desierto es inenarrable. Nunca nadie, si no es por desesperación, se aventuraría a algo semejante”, asegura Marcitllach.


“En septiembre de 2010 comenzaron a conocerse las atrocidades cometidas en el Sinaí por las mafias beduinas. Entre el personal médico de la “Clínica Abierta” de la organización israelí Médicos por los Derechos Humanos (PHR en inglés) se encuentra la hermana Aziza, una religiosa eritrea que, ante la magnitud de las denuncias que escuchaba cada día, decidió documentarlas y hacerlas públicas. Desde entonces, miles de personas han contado sus historias al departamento médico, lo que está permitiendo conocer esta terrible situación y buscar soluciones a la misma”, explica Marcitllach.

Manos Unidas lleva años acompañando a estas personas a través de la organización israelí de Médicos por los Derechos Humanos (PHR en inglés) y apoyando los proyectos de la Asociación KUCHINATE, que trabaja con mujeres eritreas solicitantes de asilo.


Estas mujeres que buscan asilo, no han superado los traumas psicológicos y de salud física derivados de la terrible experiencia en el desierto: torturas, violaciones, palizas, embarazos… Una vez que llegaron a Israel, fueron detenidas en la frontera en instalaciones superpobladas. Cuando llegan a Tel Aviv se encuentran, como solicitantes de asilo, sin acceso a los servicios básicos como atención médica, vivienda, educación, formación profesional o el empleo.