Celebración de San Juan de Ávila en la Diócesis

La Iglesia en España celebra hoy la festividad de San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia y patrón del clero secular. Recorrió toda Andalucía predicando a Cristo. Fue acusado injustamente de herejía y lo encarcelaron. Allí escribió la parte más importante de su doctrina espiritual.

El Seminario Diocesano ha sido lugar de celebración para todos los sacerdotes, especialmente para aquellos que este 2024 celebran sus bodas de plata y oro. Desde aquí felicitamos a todos ellos y rezamos por su ministerio. Además, pedimos al Señor que envíe obreros a su mies, para que como San Juan de Ávila, predique el Evangelio por todo el mundo, especialmente en nuestra tierra.

 

BODAS DE ORO Y PLATA

BODAS DE ORO – 1974

 

 

Carlos de la Concepción Martínez.

Nací en Épila (Zaragoza) el 15 de mayo de 1950, dentro de una familia sencilla, siendo yo el menor de tres hijos y el único varón. A mis dieciocho meses nos trasladamos a Logroño. Con cinco años barruntaba mi vocación y a los once ingresé en el Seminario de Logroño. Mis padres, Luis y Manuela, me inculcaron una vida cristiana profunda y el esfuerzo y la entereza ante las adversidades con el fallecimiento de mis hermanas a edad muy temprana. Mi marcha al Seminario, supuso para ellos una gran prueba y para mí la mejor muestra de su generosidad. Ejercí mi ministerio en las parroquias de Palacio, Santa Teresita, San Miguel, La Redonda y, a día de hoy, llevo nueve años en la Sagrada Familia.  Considero mi vida sacerdotal un verdadero regalo de Dios y le doy gracias por todas y cada una de las personas que ha puesto a mi lado, porque de Él y de ellas he aprendido lo que soy. He sido muy feliz durante mis 50 años de sacerdote y, en palabras de Martín Descalzo, “jamás he sido ni querido ser otra cosa”.

 

Roberto Herreros Martínez

Nací el 12 de octubre de 1946 en Badarán en una sencilla familia labradora riojana.  Realicé los primeros estudios en la escuela del pueblo y fui monaguillo más de 4 años, y a los 12 años ingresé en el seminario Hispano Americano de los PP. Salvatorianos en Logroño.

Fui ordenado sacerdote el 22 de junio, en el seminario diocesano de Logroño junto con otros 7 candidatos diocesanos.  El obispo consagrante fue D. Abilio. Tras varios años entre Madrid, Vitoria y Logroño, en 2003 regreso a Logroño hasta que, en 2006 voy como misionero a la misión salvatoriana de San Marcos, Guatemala, a la sombra del impresionante volcán Tajumulco, límite con el estado de México, Chiapas.

Un año colaborando en la pastoral de las aldeas del altiplano marquense. En junio de 2007, soy elegido para otros dos periodos como superior mayor, residiendo en Madrid. En junio de 2015 regreso a Logroño, nombrado superior local y colaborador en la parroquia de San Millán, en Madre Dios.  A partir del curso actual, 2024, ya sólo ayudante ocasional de la parroquia de S. Millán, pues un cohermano asume el nombramiento de vicario parroquial de S. Millán.

 

Roberto Benés

El matrimonio de Enrique y Teresa tenían tres hijas cuando nació Roberto el 10 de enero de 1949. Recibieron el regalo que deseaban: un varón que pudiera llegar a ser sacerdote. Teresa pudo gozar de ese deseo y con alegría vivió los primeros 10 años del ministerio sacerdotal de su hijo, acompañándole en los pueblos de Canales de la Sierra, Villavelayo y Mansilla de la Sierra. Enrique había fallecido, cuando Roberto tenía tres años y medio.

Bautizado en la iglesia parroquial de Santa María de Cordovín, deja claro que San Cristóbal es el patrono de su pueblo, y que tiene su ermita.

Nueve años en la Sierra de donde salió con una devoción especial a Santa Aúrea (Oria) de Villavelayo. Tras su servicio en la Sierra fue nombrado a la parroquia de la Santa Cruz de Nájera. Apenas un año después llegó a Logroño en donde, primero en la recién iniciada parroquia de El Buen Pastor, y después en la de la Inmaculada Concepción de María, ejerció su ministerio “siempre a gusto y muy feliz”.

Un ictus le obligó a dejar su actividad pastoral. Después de un año recuperando la salud en Cordovín, llegó al Hogar Sacerdotal. No olvida a San Jerónimo Hermosilla, el gran santo misionero de Santo Domingo de la Calzada que pasó cinco años de su infancia en Cordovín.

 

Ángel Ignacio De Miguel

Ángel Ignacio nació el 31 de julio de 1949, fiesta de San Ignacio de Loyola, en Cervera del Río Alhama.

Su primer destino pastoral fue Calahorra, en la parroquia de San Andrés en donde permaneció dos años. Allí fue Consiliario Diocesano del Movimiento Junior de Acción Católica. En 1976 fue trasladado a la parroquia de la Sagrada Familia de Logroño en donde estuvo tres años. En 1979 comenzó la nueva comunidad parroquial del Buen Pastor, también en Logroño.

Trabajó con niños, jóvenes, matrimonios y familias, personas mayores y enfermos.  Ángel-Ignacio fue Arcipreste de Logroño-Este durante seis años. También fue elegido Vice-arcipreste.

Durante muchos años organizó convivencias fuera de la parroquia con niños y jóvenes, y viajes con adultos para compartir la fe y la vida con la Comunidad. Fueron experiencias que completaban la actividad pastoral que se realizaba en la parroquia.

 

Cecilio Valladolid Martínez

Nació el 24 de septiembre de 1948 en Castañares de Rioja. El pequeño de cuatro hermanos de una familia que se dedica a la agricultura.

Los primeros estudios los hizo en la escuela del pueblo. A los 12 años, su madre le ofrece la oportunidad de ir al seminario, donde realizó los estudios de humanidades, filosofía y teología que preparaban para el sacerdocio.

Fue ordenado sacerdote por Don Abilio del Campo el día 22 de junio de 1974. En septiembre recibió el primer nombramiento como coadjutor de Nuestra Señora del Burgos (Alfaro). Sin abandonar la parroquia, al año siguiente (1975), compaginó con los estudios de Derecho Canónico en la Universidad de Navarra.

En el año 1980 Don Francisco Álvarez le propone como profesor del instituto González de Berceo (Alfaro). Con estos cargos pastorales permaneció en Alfaro durante 38 años. En 2012 fue nombrado vicario parroquial de Santo Tomás de Haro y encargado de las parroquias de Anguciana, Sajazarra y Villaseca. Ayuda, además, como juez en el Tribunal Eclesiástico.

 

José María Varona Ruiz

Tuve la suerte de tener unos padres con valores profundamente cristianos. Supieron trasmitirme el ejemplo laborioso de sus vidas. Su fe y generosidad fueron un soporte en mi vida consagrada. El Seminario, un lugar donde fue perfilándose mi personalidad, con una fundamentación humanista antropóloga cristiana.

Doce años de aprendizaje con maestros sabios y convivencia con valores esenciales que dejaron una huella profunda en mi vida. Años para profundizar en la ciencia del saber de Dios. Conocer las Escrituras. Dejarme sorprender por la experiencia de Dios en mi vida. ¿Cómo lo plasmaría después en mi compromiso sacerdotal?

He tenido la suerte de socializar con muchas personas: Viniegra de Abajo, Cuzcurrita de Rio Tirón, Iquique (Chile), San Pablo (Logroño), Santo Domingo de Silos (Logroño), Islallana y el Buen Pastor (Logroño).

En mi trayectoria sacerdotal he tenido experiencias que han marcado mi forma de ser y actuar, especialmente en el compromiso con los hermanos necesitados. He tenido experiencias vitales que han dejado una huella profunda en mi persona y sacerdocio: en comunidades de base y comunidades aimaras andinas. Ponerme al servicio de familias que vivían en conflicto ha sido para mí una oportunidad de sentirme más cercano como sacerdote y comprensivo como psicólogo.

 

 

BODAS DE PLATA – 1999

 

EDUARDO GERMÁN ZURIARRAIN

Todo estaba sin escribir ni coser entonces, cuando en aquel 1999 se abría mi historia de sacerdote de Jesucristo. Hubo destinos deseados y jamás acontecidos. Otros inesperados y nunca merecidos. Nombres de personas muy queridas que fueron apareciendo y luego marcharon, u otras que llegadas se quedaron a mi lado y muchas se encuentran hoy aquí. Encomiendas diversas en la pastoral diocesana y parroquial, en la actualidad en el campo de la enseñanza, que tanto sentido dan a mi ministerio sacerdotal: infantil, primaria, secundaria y bachillerato. Pienso en mis Aitas (padres): Roberto (✟) y Mª. Milagros, mis hermanos: José (✟), Elena, Esther, Roberto, Beatriz y Yolanda, en mis sobrinos: Miriam y Miguel y en tantos amigos, que tan solo pensar en ellos se me alegra el corazón.

Y este ha sido el itinerario: Alfaro mi primer destino, mi primer amor (2 años y pico). Después llegó Nájera (5 meses), Pradillo, Gallinero de Rioja, Aldeanueva de Cameros, Villanueva de Cameros, Villoslada de Cameros, Lumbreras, San Andrés (8 meses), Ribafrecha y Leza de Río Leza (6 años), Huércanos y Hormilla (10 años), Castroviejo y Santa Coloma (6 años), y, en la actualidad, Alesón, Azofra, Manjarrés y Uruñuela… ¡cuántos nombres inolvidables de gentes y de dones que recibí de modo inmerecido! ¡Cuántos lugares en donde gracias y pecados tuvieron domicilio! Pero al final, queda sólo el triunfo del Señor en mi vida, tras mis jirones y mis cosidos.

 

VÍCTOR BRUNO SAN MARTÍN SANTAMARÍA

El 17 de abril de 1999, en Pascua, recibí el Sacramento del Orden en Logroño, en la Concatedral de Santa María de la Redonda, de manos del obispo D. Ramón Búa Otero; tenía yo 27 primaveras.

Tuve una vocación gestada en un movimiento laical de jóvenes y adultos educadores de infancia en el que compartí vida con unos pocos sacerdotes y muchos laicos entregados; este largo periplo, la caída entre mis manos del librito “La gente del Viernes Santo” de Sheila Cassidy, una brevísima experiencia misionera en la Misión Diocesana en África, la pasión que siempre he tenido por estudiar y, sobre todo Dios, hicieron el resto.

Después de un breve periodo de rodaje en una parroquia obrera, cuyo servicio compaginé con la Pastoral de Juventud diocesana, tomé las riendas, durante más tiempo, de otra parroquia más obrera aún y en la que mis encomiendas fueron cuidar de la pastoral infanto-juvenil y crecer en diocesaneidad -aspecto en el que yo mismo crecí trabajando mucho en el Sínodo Diocesano-, amén de asegurar el funcionamiento de las Catequesis, los Sacramentos y su liturgia, los Consejos de Pastoral y Economía, Cáritas, la Administración Parroquial y de mantenerla abierta a un barrio diverso. Tras esto, vino una tarea de apoyo en otra parroquia, unida a una dilatada labor pastoral rural de mucho aprendizaje en religiosidad popular, naturaleza y kilometradas de coche. Últimamente sirvo en exclusiva en otra parroquia de la capital, diferente a las tres anteriores, muy poblada y de clase media, con mucha gente, mucho culto y muchas posibilidades y mucho trabajo, porque hay que insistir “a tiempo y a destiempo” (2 Tim 4,2).

 

 

 

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